Anatomía del Lenguaje Visual

En el mundo que nos rodea, hecho de cielo, mar y tierra, en el que llegamos a construir ciudades, aviones y máquinas, aprendemos a comprender y maniobrar, tanto psicofisiológica como intelectualmente, el manejo de los objetos mecánicos necesarios para nuestra supervivencia. En todo este proceso de aprendizaje o de comprensión el acto visual desempeña un papel importante en la construcción y entendimiento de mensajes. La vista es la única necesidad para la comprensión visual, no se necesita ser visualmente culto para hacer o entender mensajes visuales. Esta capacidad es intrínseca al hombre y emergerá hasta cierto punto con enseñanzas o sin ellos.

Los mensajes visuales los recibimos y expresamos a tres niveles:
 

  1. Representacionalmente: aquello que vemos y reconocemos desde el entorno y la experiencia.
  2. Abstractamente: calidad cinestética de un hecho visual reducido a sus componentes visuales y elementos básicos, realzando los medios más directos, emocionales y hasta primitivos de confección del mensaje.
  3. Simbólicamente: el vasto universo de los sistemas de símbolos codificados que el hombre ha creado arbitrariamente al que adscribe un significado.

Representación
A parte de la maqueta tridimensional realista, lo que más se aproxima a la visión real en la experiencia directa es una fotografía a todo color, cuidadosamente enfocada y expuesta. La fotografía imita la actuación del ojo y el cerebro reproduciendo el objeto real en el entorno real.

Abstracción
Visualmente, la abstracción es una simplificación tendente a un significado más intenso y destilado. En muchas ocasiones se modifican los hechos visuales para dejar paso al color y la luz, dentro de un estado más purista de la abstracción, se busca sobre todo, con abandono de lo familiar, la textura, el espacio y el color.

Elementos del Mensaje Visual
Siempre que se diseña algo, se boceta, pinta o fotografía, la sustancia visual de la obra se extrae de una lista básica de elementos. Los elementos visuales constituyen la sustancia básica de lo que vemos y son la materia prima de toda la información visual que está formada por elecciones y combinaciones selectivas.
La elección de énfasis de los elementos visuales, la manipulación de estos para lograr un determinado efecto está en manos del artista. El conocimiento en profundidad de la construcción elemental de las formas visuales permite al creador una mayor libertad y un gran número de opciones en la composición, fundamentales para el comunicador visual.

El Tono
Las variaciones de luz, es decir, el tono, constituyen el medio con que distinguimos ópticamente la complicada información visual del entorno. Vemos lo oscuro porque está próximo o se superpone a lo claro y viceversa. El tono contribuye de manera esencial en la excepción de la realidad visual. El creador utiliza muchos artificios para representar la distancia, la masa, el punto de vista, el punto de fuga, la línea del horizonte, etc., pero ni siquiera con la ayuda de la perspectiva podría la línea crear la ilusión de la realidad sino recurriera también al tono. La adición de un fondo tonal refuerza la apariencia de realidad.

El Color
Las representaciones monocromáticas, que tan fácilmente aceptamos en los medios visuales, son sucedáneos tonales del color. El color está cargado de información y de emociones, por lo tanto, constituye una valiosa fuente para los comunicadores visuales. El color tiene tres dimensiones que pueden definirse y medirse. El matiz es el color mismo o croma. Hay tres matices primarios o elementales: amarillo, rojo y azul. La segunda dimensión del color es la saturación, que se refiere a la pureza del color frente al gris. Cuanto más intensa o saturada es la coloración de un objeto visual más cargado está de expresión y emoción. La tercera y última dimensión del color es acromática, se refiere al brillo, que va de la luz a la oscuridad, es decir, el valor de las gradaciones tonales. Dado que la percepción del color es la parte simple más emotiva del proceso visual, tiene una gran fuerza y puede emplearse para expresar y reformar la información visual. El color no sólo tiene un significado universalmente compartido a través de la experiencia, sino que tiene también un valor independientemente informativo a través de los significados que se le adscriben simbólicamente.

La Dimensión
La representación de la dimensión o representación volumétrica en formatos visuales bidimensionales depende también de la ilusión. La dimensión existe en el mundo. No sólo podemos sentirla sino verla con ayuda de nuestra visión estereoscópica binocular. Pero en ninguna de las representaciones bimensionales de la realidad, sean dibujos, pinturas o fotografías, existe un volumen real implícito. La ilusión se refuerza de muchas maneras, pero el artificio fundamental para simular la dimensión es la convección técnica de la perspectiva. Los efectos que produce la perspectiva pueden intensificarse mediante la manipulación tonal del «claroscuro» a base de luces y sombras. La lente tiene propiedades muy parecidas a las del ojo y la simulación de la dimensión es una de sus capacidades principales.  Pero existen diferencias importantes. El ojo tiene una amplia visión periférica de la que carece la cámara. La anchura de campo de una cámara es modificable, es decir, lo que ve y registra depende de la distancia focal de sus lentes. Pero no puede competir con el ojo sin recurrir a las enormes distorsiones de la lente de ojo de pez. La lente normal no ha alcanzado hasta hoy la amplitud de campo del ojo, pero lo que ve se parece en mucho a la perspectiva del ojo. Los grandes angulares ensanchan el campo visual, pero hasta ahora no son capaces de cubrir el área que cubren los ojos. Aunque sepamos que la perspectiva de la cámara es distinta a la del ojo humano, una cosa es cierta: la cámara puede reproducir el entorno con una precisión asombrosa y un minucioso lujo de detalles.

El Movimiento
El movimiento es probablemente una de las fuerzas visuales más predominantes en la experiencia humana. Existen técnicas capaces de engañar al ojo: la ilusión de la textura o la dimensión parecen reales gracias al uso de una expresión intensa del detalle como el caso de la textura, o al uso de perspectiva, luz y sombras intensas como en el caso de la dimensión. En realidad no existe ningún movimiento auténtico tal y como lo conocemos, este no es achacable al medio sino al ojo del observador en el que se da el fenómeno fisiológico de la «persistencia de la visión».
Algunas propiedades de la «persistencia de la visión» pueden constituir la razón del uso incorrecto de la palabra «movimiento» con que se describen las tensiones y ritmos compositivos de los datos visuales, cuando lo cierto es que estamos viendo algo fijo e inmóvil. Una fotografía puede ser estática, pero la magnitud de reposo que proyecta compositivamente puede implicar un movimiento como respuesta al énfasis y a la impresión del diseño del artista.